Bienvenido a mi segundo hogar.

Tengo los pies anclados en el puerto de Cabo de Palos, como cualquiera de esos barcos de pescadores que puedes ver amarrados una tarde de verano…O de invierno, junto a labores de redes y abuelos preguntando por la faena.

Cabo de Palos me ha visto crecer en mi madurez y sueño con que me vea envejecer sentada en las rocas del Cañonero, o disfrutando de la puesta de Sol en Las Escalerillas.

Hemos llegado a una simbiosis casi perfecta, ya grabada en la piel, literalmente…

He tenido la suerte de rodearme de lugareños que me han relatado la historia de sus raíces, por eso puedo contarte que en sus orígenes no era más que un pequeño pueblo de pescadores que vivían por y para el mar.

Su horizonte, siempre azul, ha sido testigo de naufragios y aventuras sin igual.

La profundidad de su Mediterráneo, repleto de vida, historias y burbujas de amantes del mar, hace de este enclave un área a proteger para siempre.

La historia de Cabo de Palos, con su faro siempre vigilante, nos habla de dunas fósiles y asentamientos con miles de años, que nos vienen a decir que ya antes de nosotros hubieron otros que quisieron esta tierra.

Te invito a pasear por la Playa de Levante si prometes no dejar a tu paso nada que no sea del mar…si te portas bien, quizá te indique alguna cala especial donde escuchar tan sólo a las gaviotas y el murmullo del agua al llegar a la orilla.

Si prometes portarte bien quizá, y sólo quizá, te acompañe a navegar entre sus aguas y te descubra la arena dorada de Calblanque.

Y sólo si prometes respetar y amar el lugar, te abriré las puertas de este mundo al que probablemente no seas capaz de dejar de recordar…